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domingo, 28 de marzo de 2010

Taboga

“Tanto en el cuento tradicional como en el minicuento explora en diversos grados las posibilidades de la literatura realista, fantástica, erótica, metaficcional y del absurdo con dominio creativo de las muy variadas facetas de la experiencia humana… Son los problemas que abruman el cotidiano desempeño de un personaje escritor los que en realidad protagonizan las historias…” En un instante y otras eternidades, obra compuesta por 67 narraciones del escritor y promotor cultural, Enrique Jaramillo Levi -Ganadora de la Sección Cuento del Concurso Ricardo Miró 2005-, es un libro para atreverse. Atreverse a leer y dejarse envolver por cada uno de los personajes y situaciones que nos va presentando un autor hábil y creído -orgulloso-. Atreverse a escribir y reescribir, a dar rienda suelta al ego, esa criatura narcisista que pocos valientes se permiten liberar a plenitud.

“¿Cómo podía serlo, pretenderlo siquiera -¡habrase visto tamaño atrevimiento, arrogancia semejante!-, si el verdadero autor soy yo?”

Libertad que se toma el tiempo y el espacio exacto de una vida, su propia existencia. Realidad sin dudas, fantasía en justa medida, erotismo con elegancia de poeta, absurdo por la madurez que da la experiencia y metaficción, amalgama perfecta. Enrique Jaramillo Levi, un nombre sin rostro para unos, un rostro sin nombre para otros; un tipo serio, de pocas palabras, pero elocuente y con la irreverencia necesaria para hacerse notar con singular gracia.

“Es fácil crear una versión de los hechos cuando no existe ninguna otra… Me oigo hablar y no me sorprende lo que digo. Todo es verosímil si suena creíble, pero para que así sea uno tiene que ser el primero en creerse la historia. Y yo, por supuesto, estoy convencido de la veracidad de cada detalle. Como Dios manda. Lo dicho, dicho y creído está. Y lo escrito, también.”
Llegados hasta aquí, vale preguntarse por qué Taboga -entre todos los títulos que constituyen la obra- para titular esta nota. Aconteció que mientras leía, cuando prácticamente había terminado, tuve oportunidad de visitar -tras aproximadamente 2 décadas de ausencia- Taboga y caminando por sus estrechas veredas -sin pretenderlo- fui a dar hasta el cementerio; allí, de golpe comprendí o me expliqué con satisfacción el impulso de Jaramillo Levi por la metaficción. Entendí la vocación, compartí el orgullo por la propia capacidad creadora.
“Es muy fácil decir que se escribe por afán de expresión; para comunicar experiencias, ideas, emociones; compartirlas con algún lector virtual e, idealmente, algún día, con muchos lectores reales. También lo es observar lo de siempre: que se trata en realidad de una catarsis, de una especie de ritual cifrado de purificación; o a veces, de una suerte de exorcismo a fin de expurgar viejas o nuevas culpas, traumas que al escribir permiten aflorar deseos insatisfechos… Alguna vez fui creyente, sin duda porque me educaron en un colegio católico. No he renunciado a mi religión, pero no la practico. Hay demasiadas normas que me disgustan, dogmas arbitrarios que no soporto. Aunque debo admitir que no he perdido mi fe en Dios.”

Son creaciones breves, pero profundas aún en su simplicidad. Alguna vez evité al escritor, al personaje pálido y de porte altivo. Alguna vez dije que al artista no le va bien ser humilde sino humano, tal vez ese fue el primer paso para llegar –hoy- a estas conclusiones con la obra de este panameño.

“Dijo “Amén”, y ya no dijo más. Y fue suficiente. Porque así como hay hombres de poca fe, también los hay de escasas pero sabias palabras.”

Sucedió en Taboga, la isla del maestro, nuestro Sinán, que soñé con los ojos abiertos y en un mismo instante todo fue pasado, presente y futuro. Y yo mismo fui Sinán y fui Jaramillo Levi y, por supuesto, fui Yo, el más importante. Fue en Taboga, en ese tiempo sin tiempo y espacio sin espacio en donde todo aconteció o está sucediendo.

“Hay textos peligrosos. No se les termina de leer con impunidad. Soy un lector-escritor que no se rinde y asumo los riesgos… ¿Por qué me ocurre tal locura, estoy alucinando? Sólo quería llegar al final del texto pero éste se ha disuelto, y cómo termina carece ahora de importancia porque nada más queda el recuerdo confuso de su lectura antes de convertirme en su reemplazo, en la escritura misma, ésta que inexorablemente soy.”
Fotografías por: Nicolas Van Dijk

jueves, 25 de febrero de 2010

Círculo Vicioso

En un instante y otras eternidades es el título de la obra con la que Enrique Jaramillo Levi, bajo el seudónimo de Mandrake, recibe el Premio de la Sección Cuento del Concurso Ricardo Miró 2005.
Fueron años de cuento y crecimiento, de cuento y perfección, cuento e insistencia; hasta que el galardón se posó en sus manos. La obra, compuesta por 67 cuentos, nos presenta narradores que saltan de la hoja y se hacen sentir cual transeúnte por la avenida o cual reflejo en el espejo. Llegan a ser tan atrevidos sus planteamientos que inevitablemente te atrapan y hacen cómplice de sus manías y obsesiones. Literatura "cotidiana"; erotismo, absurdos, realidades. Metaficción-Metalenguaje. Sin duda un Maestro en el arte narrativo que nos ofrece una colección de cosas suyas, que son tuyas -amigo lector- y también son mías.

De Enrique Jaramillo Levi hay mucho que leer, hay mucho que aprender y habrá mucho que decir, pero hoy -solamente- me interesa destacar un cuento: Círculo Vicioso. Porque en este espacio -Literato a Propia Ley- no hay cuento mejor para identificarse, meditar, decidir y -tal vez- escribir.
"Era pues el momento de darle forma, vuelo en las palabras. Había llegado al fin el día, la hora, el minuto. Escribió:
Se preguntó si estaría en condiciones de emprender la tarea..."

viernes, 26 de junio de 2009

Bautizo Literario

Como el padre que abre la puerta a un hijo que sale del hogar en busca de su propio destino, así puede sentirse el escritor en el emocionante momento de hacer pública su obra, cuando la entrega a la maravillosa intimidad de tinta y pupilas.

La aventura inició en noviembre, bastaron uno o dos correos electrónicos para comprometernos con una lectura de la cual no se tenía la menor idea, pero que nos planteaba el reto de darle vida. Una cosa es leer sin más; otra cosa es leer, interpretar y emitir una crítica. Ser el corrector de estilo es algo muy distinto: Es leer bajo la libertad del escritor, acceder con primicia a su argumento con la responsabilidad de comprenderlo y resaltarle tanto como sea posible. Algunos han dicho que es hacer del carbón un diamante.

Cuando inicié aquella primera lectura, pocas líneas bastaron para hacerme sentir. Frente a mí, cada personaje fue presentándose y contándome su historia. Las horas fueron pasando hasta ser suficientes para hacer un día que se unió a otros más e hicieron una semana que pronto tuvo otras dos hermanas. Una mujer me confió su debut literario, pero no fue cualquier mujer, no, fue una mujer talentosa y valiente.

Conversamos un poco y no fue difícil darle forma a un diario de recuerdos y poemas que un buen día decidimos titular Luz de Almas Viejas. ¿Luz de almas viejas, por qué? Porque a pesar de tener otras sugerencias, ninguna representaba mejor el argumento y la esencia que de sí había puesto en él su creadora. Las correcciones fueron mínimas y los cambios pocos, la mujer había hecho un primer intento exitoso, sus palabras invitaban al sentimiento y a la curiosidad, para ir descubriendo detalles que más allá de un personaje nos marcan la memoria, si acaso no la vida misma, con mensajes positivos, sabios y ejemplares. Aquella mujer humilde que me pidió revisar su manuscrito tenía ganado mi respeto y admiración, era una persona iniciando la senda solitaria del escritor.

Una aventura literaria de este tipo trae consigo experiencias invaluables. Para la mayoría de los que nos hemos involucrado en esta aventura, es difícil describir el sentimiento e imposible darle un precio. Luz de Almas Viejas se inspiró en otros nombres, inicio en otros caminos y aún atraviesa los senderos de su propia historia. En lo personal, me llena de orgullo y satisfacción haber participado de esta primera publicación de Mary Elizabeth Fernandez-Vasquez, a quien deseo el mayor de los éxitos en esta nueva etapa de su vida. Hoy, después de una gestación prolongada y complicado alumbramiento, cuando bautizamos a su primogénito literario. ¡Felicidades!