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sábado, 5 de septiembre de 2009

SOLITARIO (Entrega Final)

7

En Otras Fronteras

Erica regresó a su país con sus dos hijos y cinco maletas, con un millón de ideales importados desde la conciencia de su amigo. Los tres se instalaron en la casa de la abuela Rita y empezaron a ordenar una nueva vida. Los niños ingresaron en el mismo colegio internado en el que sus padres, tíos y primos habían estudiado. Ella se integró pronto a los movimientos que buscaban los medios para devolver la estabilidad, la paz y la democracia a su país. Participaba de marchas multitudinarias que generalmente terminaban en enfrentamientos con la policía; algunos civiles heridos, raras veces muertos, pero siempre con muchos detenidos. En poco tiempo su ímpetu y carisma la hicieron liderar protestas en plazas públicas e importantes reuniones. Según el gobierno se convirtió en una agitadora. Tres veces en sólo un mes fue arrestada, conseguía la libertad gracias a la intervención de los representantes de las organizaciones por la libertad y los derechos humanos que no cesaban de llegar al país para presionar al presidente para que disipara la dictadura con la que había envenenado a toda la nación.

Una noche, cuando volvía a casa después de una concentración para protestar, el taxi en el que viajaba fue interceptado y ella obligada a bajar para ser amordazada, sus ojos vendados y luego trasladada a una oscura habitación en la que no podía ver ni oír nada. Desde entonces nadie supo de ella, simplemente desapareció como tantos otros, ya no respondió más a las cartas de su solitario amigo. Diariamente le hacían llegar una bandeja con comida y medio litro de agua. Cinco días estuvo así antes de ser llevada a empujones hasta una celda en la que una potente lámpara le iluminaba el rostro mientras voces severas y amenazadoras indagaban por toda clase de información de los grupos opositores al gobierno. Valientemente guardó silencio, se dejó torturar hasta que la vida se le salió del cuerpo con un shock eléctrico. Lo último de lo que tuvo conciencia fue una visión del futuro, su mente le regaló ver a sus hijos disfrutando de una patria libre y democrática, felices. Así sucedió, pero mucho tiempo después.
Con la desaparición de Erica el padre de los niños decidió llevarlos a vivir a Europa para garantizarles seguridad. Volvieron treinta años más tarde, cuando finalizó la guerra civil en la que fue a parar todo el lío con el presidente enemigo de la crítica ciudadana. Largo periodo de tiempo en el que todos perdieron. El poder cegó las perspectivas del hombre que olvidó cuidarse de los intereses de sus colaboradores cercanos que ayudaron hasta encontrar la oportunidad de asesinarlo; un magnicidio, para obtener mayor parte de los beneficios y riquezas que formaban parte de los goces para quien administrara el poder. Marcadas disputas internas en el gobierno y un pueblo inconforme fueron los ingredientes exactos para alterar los espíritus de hombres y mujeres que se olvidaron de la hermandad que les otorgaba su cielo para enfrentarse sanguinariamente unos a otros.
Tras la llegada de los hijos de Erica al país, tuvieron que pasar quince años más para que sus restos fueran identificados entre los que fueron hallados durante las excavaciones que se realizaron, como parte de las investigaciones que un nuevo gobierno democrático ordenara, en uno de los edificios señalados como sitio de tortura y asesinato durante los años de dictadura. En el huerto donde trabajaban los reos, pues aquel sitio era una cárcel de máxima seguridad, fue hallada su osamenta junto a otras dos, cada una envuelta con una deteriorada bolsa plástica.

Fue como si con la decisión de despedirse de ella, de toda esperanza de volver a compartir la amistad de los dos, hubiera escarbado la fosa de la que sus restos surgieron para recibir su mérito. El mismo día en que depositó la carta en el correo el hombre vio la noticia de las investigaciones y descubrimientos; vía satélite le llegó el nombre de su amiga entrando formalmente en la historia como una de las gestoras de la libertad e institución democrática de su país. Un ejemplo de valor para todos los pueblos reprimidos en esa fecha que podría llamarse "el futuro" del momento en que todos los sucesos acontecieron en la escena mundial.

La historia de su amiga lo demostraba, sus palabras en la juventud no cayeron en oídos sordos o en una tierra estéril. Ella se fue a vivir en pos de su ideal, un sentimiento alimentado por la intensidad que él mismo derrochaba con su plática y apasionantes memorias, en la expresión de su amor por la Patria. Erica, su amiga ya no estaba, pero su recuerdo y su ejemplo seguirían vivos en él; entonces la sintió muy cerca, sintió la seguridad de que nunca volvería a estar solo. Apagó el televisor y se fue a comprar los boletos para el viaje; tenía una amiga aguardando por él, pensó en visitar su sepulcro para llevarle flores y contarle algunas cosas.

FIN

****************************

Nota Del Autor

Una mañana de diciembre en el año 1996; en el Chorrillo, muy cerca del Cementerio Amador y del Cerro Ancón, se demolió el edificio donde funcionó la cárcel "Modelo" -Estructura que fue testigo mudo de bochornosos y reprochables actos de abuso-.

Casi trece años después las cosas no son muy diferentes. La evolución social, el órgano judicial y el sistema penitenciario; nuestra democracia, continúa anémica de justicia y derecho. Ya no existe la "Modelo", mas sus malas prácticas y debilidades parecen continuar vivas en los centros de rehabilitación con los que fue sustituida.

Es un deber de todos el cumplimiento de las normas pautadas por la ley y la moral. Ser condenado -justamente- por faltar a estos principios, tiene que convertirse en una nueva oportunidad de positiva participación social y no en una experiencia de maldad y rencores.

Velar porque la historia no se repita y que en lo futuro las imágenes que guíen la creación de una obra como Solitario sólo sean producto de la fantasía o de un pasado irrepetible, pero eso sí, que jamás se olvida, es una responsabilidad ciudadana: de ayer, de hoy y por siempre.

Fernando López Peralta

viernes, 4 de septiembre de 2009

SOLITARIO (Séptima Entrega)

6
Carga Ligera

Sin darse cuenta había llegado la noche y la conversación continuaba amenamente entre comentarios, reflexiones y sonrisas. Aquel día almorzaron, cenaron y prepararon juntos otros bocadillos para darle más sabor a la narración. Compartían sin imaginar el rumbo y velocidad que tomarían sus vidas al amanecer. Erica despidió a su amigo casi a la media noche; lo vio subir al taxi y moviendo sus manos se dijeron adiós. Ella cerró bien sus puertas y ventanas antes de irse a la cama, donde permanecería en vela hasta la salida del sol. Toda la madrugada estuvo pensándolo; lo que su amigo le había dicho de la Patria era cierto, es un sentimiento de dolor cuando estás lejos.
-Mucho más grande el dolor si sabes que allá las cosas no andan bien. Se dijo a sí misma.
Ese nuevo día salió a caminar sin rumbo fijo, cuando volvió a casa los hijos ya habían vuelto del colegio y la esperaban para almorzar. Sentados los tres a la mesa Erica anunció su deseo; los chicos no supieron ni quisieron contradecirla, también ellos extrañaban al resto de su familia y a los amigos, confiaban ciegamente en su madre. Antes de dormir rezaron pidiendo seguridad y fortaleza para enfrentar lo que sería volver a su país en medio de la más severa crisis y bendiciones para los amigos que dejarían en Panamá.

Cuatro días después de la larga reunión él regresó a casa de Erica. Tocó la puerta, llamó por su nombre a todos, pero no hubo respuestas. Notó que las ventanas estaban completamente cerradas y sin cortinas; todo eso le empezó a parecer extraño, aunque no terminaba de dar con lo sucedido. Cuando se retiraba se le acercó una de las vecinas para entregarle un sobre y contarle con tono de interesante, como de quien lo sabe todo, cómo fue que Erica una tarde antes había empacado y se había despedido de todos ellos al tiempo que le pedía, por favor, entregarle a él cuando apareciera por ahí el sobre. La mañana de ese día en que él llegó buscándola, zarpó la embarcación que los separó para siempre. Regresó clandestinamente a su pueblo; ayudada por un capitán amable y una tripulación maliciosa, para la cual iba armada de fe en Dios, amor por sus hijos y la familia que los esperaba y un afilado puñal.

La carta de Erica explicaba lo que sintió al escucharlo hablar con tanta pasión de su historia, de los recuerdos tan vivos que tenía de su país, de su protagonismo en una historia viva. Ella quería sentir lo mismo, su lugar no estaba en Panamá, por muy a gusto que se sintiera entre su gente; quería formar parte de las protestas que reclamaban cambios en el gobierno de su país. Anhelaba enseñar a sus hijos con el ejemplo lo que en realidad significa Patria, lo que es amarla de verdad. Le dejaba la dirección a la que podría escribirle, con la única condición que en sus cartas no intentara convencerla de regresar, de volver a salir de su país. Un curioso prendedor con la figura de su bandera tricolor, iluminada por pequeñas luces parpadeantes le dejó como recuerdo.

A partir de esa tarde inició rutinas con las que pretendía llenar su vacío y ocupar el tiempo. Se fue a casa y mientras se desmoronaba, gota a gota, el cielo, leyó un libro de poesía que pensaba compartir con ella. Sin darse cuenta, la literatura, gran pasión, se había integrado a su hermosa amistad. Escribía con frecuencia a Erica para contarle, de la manera más amena en que podía, lo que sucedía en Panamá; lo que estaba haciendo él y uno que otro comentario que le llegaba desde el barrio donde Erica estuvo viviendo; días después recibía respuesta. Así fueron pasando los meses hasta que un día envió una carta a la que ella jamás contestó. Se perdió todo contacto. Él se sintió preocupado, pero no podía hacer nada; solamente tenía una dirección en la que supuestamente no existía nadie. Las cartas volvían a él sin éxito. Sobres cerrados con su rebelde caligrafía.

"...desde que te fuiste me quedé sin oídos dispuestos a escuchar mis largas y a veces tontas indecisiones, mis motivos para creer en utopías. Siempre he querido ser menos complicado; un tipo más sencillo, en todo y con todo, pero tanto pienso en el asunto que mis propias ideas terminan complicándolo aún más. Algunas cosas no cambian... A un año más de tu partida, aquel triste día en mi vida, me gustaría tenerte cerca, compartir contigo los logros que finalmente cosecho. Valió la pena tanto esfuerzo, cada uno de los mortificantes años de espera. Mi esperanza sigue siendo que la fortuna y la dicha te guarden, es lo único que me queda por pedir en mis rezos desde que dejé de recibir tus respuestas..."

El gran afecto que sentía por Erica lo impulsaba a escribir aquellas cartas, siempre con la esperanza puesta en que ella estuviera bien y volviera a contestar, pero el tiempo seguía pasando sin recibir noticias.
"...los años siguen pasando. Yo no soy ni la sombra del tipo que fui. Sí, es verdad que me hice escritor y con eso he logrado darme fama y buena vida, sin embargo la soledad se ha encargado de llenarlo todo. Como me pesa ese vacío. Conquisté cuanto alcancé a imaginar, excepto un corazón. Nada ha limitado mis éxitos ni mis ganas de continuar, pero ya me convencí de haber perdido la oportunidad que tanto desee; la de tener una pareja de verdad, una mujer con quien compartirlo todo: mis sueños, mis penas, mis glorias. Una persona a la que pueda dedicarle el resto de mi vida y con quien pueda compartirlo todo: sus sueños, sus penas, sus glorias. No imaginas cuanto te extraño amiga... Hoy mi vida es más lenta, los años me pesan más que nunca. He olvidado cuánto tiempo ha pasado desde la tarde en que supe de tu partida, cuando volviste a tu tierra cargada de ideales que yo mismo te ayudé a sembrar. De haber sabido que esto sucedería jamás habría leído ese maldito libro que me despertó la memoria patriótica que se hizo la génesis de nuestra última reunión, de ese diálogo en el que recordé tantos sucesos pasados, aquellos oscuros recuerdos de mi Patria que ahora quisiera borrar de mi mente para ignorar que algo así podría ocurrirte…"

Lo que decía en sus cartas cada vez se iba haciendo más triste, como si poco a poco moría en él la esperanza. Con su rostro ya marcado por las arrugas, los ojos hundidos y la sonrisa olvidada en alguno de los rincones que en su interior creó la soledad; sentado a su vieja mesa de trabajo escribió su despedida para Erica. Presintió que la esperanza de volverla a ver no tenía sentido. Antes de doblar la hoja de papel que luego guardó en un sobre blanco, en el que estaba escrita la misma dirección de tantas veces, la besó justo en la primera línea, allí donde decía...

***

Querida amiga: casi es media noche, la misma hora en que te vi la última vez; no quiero dormir hasta concluir esta carta para ti, mi despedida. Un último anexo al diario que he ido poniendo en el correo desde tu partida y que más tarde regresa sin que te enteres de nada. No quiero olvidarte y tampoco quiero que me olvides, por eso todo este tiempo te he contado lo que hago, como cuando estábamos cerca. Un registro de mi vida, la vacía y completa historia de un hombre solo. Tan solitario como esa tarde del torrencial aguacero que me regaló el placer de una coincidencia en un poema, este que ahora transcribo para decirte adiós.

Carga ligera

-Daniel Lara (panameño)-

Se alegrará tu tierra cuando vuelvas
a contemplar sus prados y respirar
el aire entre sus fronteras;
el sol alentará tus esfuerzos
por subir hasta las nubes
y triunfar, estelar criatura.
Gozarás los consejos de una madre,
los celos protectores de un padre
y el calor de mil abrazos fraternos.
Sonará tu voz, amiga,
sobre las alas del viento
que conoce nuestros secretos
para contagiar tu coro
en todo el que vuelva a verte.
Contigo lejos, mi corazón
palpita al ritmo de la congoja,
porque te has ido y no estará conmigo
la bailarina, la cantante alegre y ejemplar.
Te has ido llevando de equipaje
mi carga ligera:
un beso de este pobre, loco amigo,
que disfrutó tus pasos
por el solitario sendero de sus días.

Con el mismo cariño de ayer, tu amigo por siempre...

jueves, 3 de septiembre de 2009

SOLITARIO (Sexta Entrega)

5
El Centenario

Aunque no son muchos ni suficientes, hay documentos que dan testimonio de la prolongada historia geológica, pre-colonial, colonial y singularmente del surgimiento definitivo de nuestra República... la mayoría de los investigadores parecen interesados solamente en los periodos más recientes; pocos van más lejos que de 1500 y demasiados se ocupan de distorsionar lo sucedido entre 1821 y 1903...”

Los apuntes formaban parte de la conclusión que presentara después de un trabajo de investigación para su clase de historia en el último año del bachillerato. En la biblioteca del colegio, repleta con libros y documentos de ciencia, tecnología, ética y algo de literatura universal, halló solamente una lista de autores y obras, algunas breves reseñas desde las que se abordaban el origen del país. La mayoría realizadas por extranjeros. Tuvo que ir hasta la Biblioteca Nacional para estudiar, entre cientos de papeles cubiertos de polvo, casi vencidos por el olvido, el concepto que hasta entonces no significaba nada concreto, era muy amplio y poco sensible. Esos últimos meses educación media fueron los que sembraron en él la voluntad de una conciencia cívica. Asunto para el que primordialmente se requiere conocer desde el origen la tierra donde se nace, crece y aprende a vivir: La Patria.

Cuando sustentó su trabajo final ante el profesor y sus adolescentes compañeros habló con gran seguridad de que Patria no era sino un sentimiento de orgullo; inexplicable cuando se ve la bandera tan diferente a las demás de cualquier rincón del mundo o cuando un deportista o equipo nacional gana un título, impone una marca o gana medallas en competencias. Su Patria era un sentimiento de dolor al conocer las tragedias que se vivían en el campo. Era el sentimiento de impotencia al leer el famoso y desconocido Tratado de Neutralidad. Patria era compromiso y nostalgia cuando andaba por las calles, barrios, plazas y pueblos que sus abuelos mencionaban en sus memorias de guerras y pleitos. Todos sus recuerdos y planes de futuro, triunfo y prosperidad, también eran Patria. Sentirse patriota eran muchas cosas a un mismo tiempo. Entender el ideal de próceres y mártires, del cholo caudillo que venció ejércitos de letrados militares. Quizás el habría sido uno de ellos; herido, muerto fusilado o algo peor, la suerte de tantos que defendieron su ideal. La situación y los tiempos en los que le tocaba vivir eran muy diferentes, los métodos de acción más diversos y tenía la impresión de que los sucesos sucedían más calmadamente, aunque con mucha mayor rapidez. Pequeños grupos revolucionarios erraban con sus métodos de protesta y minaban su propio camino al éxito, no aprendían con el ejemplo de organización y patriotismo que antaño alcanzó tantas glorias. A pesar de todo, los tiempos actuales eran más libres y propicios para evolucionar socialmente. Se comprendió afortunado.
-Erica, podría aburrirte con fechas de incidentes realmente lejanos para que comprendas y no creas, como la mayoría, que nuestro presente es lo que es por obra y gracia de los últimos cien años. Hace poco escuché hablar a unos universitarios, representantes de una agrupación indígena, hablar de sus raíces once mil años atrás.
La conversación se iba prolongando indefinidamente sin perder intensidad o interés de parte y parte. Él procuró mencionar los hechos más destacados, los nombres sobresalientes en cada suceso y época. Ella fue acomodando toda esa información en su mente como muestra de aprecio a su amigo y en homenaje a la tierra que tan buena acogida le había ofrecido.
-Te entiendo. Cualquiera que conozca de historia sabe que Colón llegó a su tierra de Indias; pobre hombre, completamente perdido, pero la suerte le regalo la inmortalidad con su aventura como el descubridor del nuevo mundo; América, tierra firme aquel 12 de octubre de 1492; sabrá también, por escasa lógica, que ya para entonces las tierras de este continente eran ocupadas por sus nativos y verdaderos dueños. Los quinientos años de aquello fueron celebrados en ambos mundos. Creo que de allí en adelante se dio el inicio de la complejidad en la historia que ahora nos toca estudiar y comprender. No es sencillo todo este intercambio cultural, variación de cultos y creencias, mestizaje, catequización, conquista; nuevas tierras, nuevos mares y nuevas rutas de comercio.
-Exacto. No fue el descubrimiento de un nuevo mundo sino el choque de dos grandes y ricas culturas, cada una con mucha historia a cuestas.

Sin duda ella comprendía de lo que hablaban. Conocer la historia de un país en particular no es más que una miga de la historia completa, la gran historia que protagoniza la humanidad. Él fue de los viajes de Colón y el nombre de Portobelo, con todo y su Cristo Negro, hasta los rellenos a la bahía para construir imponentes edificios de acero y vidrio. Pasando, sin dejar escapar detalles, por el proceso de independencia, unión voluntaria a la Gran Colombia -la que Bolívar realmente anheló- y todos los sinsabores que ello trajo a su pueblo en consecuencia; elecciones amañadas, candidatos reelectos que nunca completaron su periodo; asesinatos, celebraciones, convenios y negociaciones internacionales para lograr los acuerdos que los han llevado más cerca de la soberanía. Una y otra vez la mano en la que ondea una bandera de barras y estrellas hace sombra sobre la pequeña nación centroamericana.
-Este país ha sido muy marcado por esa gente. Sintetizó ella inteligentemente.
Desde diciembre de 1989 hasta el día de su plática, cuatro presidentes, entre éstos la primera mujer en ocupar el cargo. Tras la invasión norteamericana, un hombre que con una mezcla de valentía, sensiblería y conocimiento político hizo lo que pudo por sacar adelante al país que conoció el caos y el luto; un personaje jovial y recordado siempre por sus comentarios que generaban polémica con una sonrisa en los labios. Después de él, la prepotencia y la convicción de un hombre que dio mucho que hablar. Admirado por unos, odiado por otros; siempre listo para el debate inteligente. Lleno de medidas para salvaguardar los intereses económicos de la nación. Tuvo oportunidad de estrechar la mano de ambos, de ambos guardaba una buena impresión; realmente admiraba al segundo. Luego fue el turno para la mujer; cinco años de vergüenza e ineficacia, de corrupción y desprestigio a todos los niveles; un aporte poco favorable para las muchas mujeres que sí son capaces de liderar con cordura, ética y sensibilidad nacional. Mujeres con solvencia y buen gusto. Ahora era tiempo para un hombre joven que en su segundo intento llegaba a la cabeza del gobierno. Hijo de uno de los más destacados personajes de nuestra historia nacional. Un rostro de niño amable que nunca igualaría siquiera el método y la huella que su padre dejó en la memoria de sus paisanos y del mundo. Todos, con sus aciertos y fallos, desfilaban con el poder en sus manos mientras el pueblo, quien les dio la oportunidad de representarlo, tenía que inventárselas para no dejarse morir de hambre. Parecía que a todos les sucedía lo mismo; al llegar al gobierno una triste epidemia los contaminaba, cambiaban su discurso y repetían la misma historia de su antecesor. En Panamá los presidentes son poetas, seres de vocabulario florido y alma egoísta. Como todos los políticos, son actores, artistas de la mentira con sed insaciable de plata y fama.
-Ser optimista es cada día más difícil, pero todavía me queda esperanza. Se negaba a permanecer callado ante los hechos y le disgustaban algunos aspectos de la identidad del panameño.
-El juega vivo, lo fácil que olvida, su preferencia por lo foráneo y su permeabilidad para las influencias negativas, lo bien que copia lo malo; el rechazo al cambio, así sea para bien. Así es Panamá, toda razón es buena para hacer fiesta, sobre todo para la juventud, aunque el porqué no esté muy claro o lo ignoren por completo.
Lo explicó todo diciéndole que era eso de lo que tanto escuchó hablar cuando llegó al país a finales de noviembre del año 2003.
-Recuerdas todo lo que te conté del 3 de noviembre y sus antecedentes hasta el cabildo abierto en la Plaza de la Catedral, los sucesos en Colón y demás. Bien, ahora olvídate de todo eso y empieza a imaginar una gran fiesta en las calles, como un carnaval en la Avenida Balboa -quién dice que no se puede o que no sería bueno-. Aquello duró varios días. Hubo algún acto protocolar con personalidades nacionales e internacionales, pero eso no significó nada para la gente. Lástima que llegaste tarde para participar de la celebración popular. Hombres y mujeres de todas las edades se lanzaron a las calles para participar y ver desfiles de antorchas, dianas, fuegos artificiales. Desde el primer minuto de ese 3 de noviembre, Panamá vivió el segundo carnaval de ese año. De frontera a frontera, sobre todo en la capital. Lo mejor fue en la tarde cuando se asistió en masa al verdadero concierto panameño, un evento que de cierto modo era también una protesta contra el gobierno de la costosamente ataviada dama que gobernaba entonces, la misma que recibió la plena administración del Canal. Aunque por momentos el audio no fue el mejor y la voz de un chiquillo, en mi opinión, arruinó el sentimiento de la letra, esa tarde todos cantamos “PATRIA”, una canción del que más tarde sería Ministro de Turismo, todos llenos de alegría, casi eufóricos. El pueblo abarrotó la avenida y aunque sudorosos, apretados y algo cansados, porque pocos durmieron la noche entera. Todos bailamos salsa. Ya empezando la noche y estando cerca del lugar donde el gobierno había instalado la tarima oficial para la celebración “popular”, misma que había sido causa de polémica y debate con subido sabor político, con el concierto pop rock de un colombiano; representante de cuya nación celebrábamos cien años de separación, pero antes de él subir a escena y alborotar al público; primero con su música, número uno en todas las estaciones de radio nacional, como hacen con cada artista que viene al país para un concierto, luego con nuestra bandera metida muy cerca de su... trasero. La fiesta fue excelente. Animadores de televisión, locutores de radio y Dj’s amenizaron el ambiente con música que desde la salsa y el merengue, hasta el pop, el rock y el rap; pasando por la música típica popular, la de los combos nacionales y un himno de carnaval que llevó por unos minutos a todos al Parque Porras en la Ciudad de Las Tablas, donde cualquiera que quiera saber lo que es la fiesta del panameño, lo único que éste se toma en serio, el carnaval, tiene que ir al menos una vez. Fue un evento inolvidable. Ya me veo contando mis memorias de aquello en cincuenta años. Yo anciano hablando de cuando era joven y salí a celebrar el primer centenario desde ese 3 de noviembre de 1903. Seguro dejaré bien claro que aunque bailé, trasnoché, canté y disfruté al máximo sin reprocharme absolutamente nada, nunca olvidé la razón de la fiesta. No hay que encerrase en el pasado, pero tampoco hay que dejarlo perder. Que bonito es recordar y celebrar así ¿no?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

SOLITARIO (Quinta Entrega)

4
Que No Se Olvide


Así como había llegado continuaba su recorrido, solo. Desde las ventanas que daban a la calle la vista no dejaba de ser desoladora; el cementerio sembrado de gente, florecido de cruces y lápidas blancas, las altas rejas negras. Se lograba ver e penas una parte de los autos que pasaban por la avenida que unía el interior del país con la ciudad, vía por la que él transitaba casi a diario. Poca luz y el nauseabundo olor. Atravesó el corredor para entrar en las celdas del lado contrario por cuyas pequeñas ventanas vio a más gente salir desde el comedor al patio y a otros entrar a la misma sección en la que él se hallaba. También observó que algunos pasaban una última puerta situada en una esquina por debajo de las escaleras. Tiempo más tarde conocería ese rincón, el área de visitas, pequeños cubículos donde por instantes programados y supervisados, siempre separados por una jaula de alambre, los reclusos podían ver a su familia. Esa fue la última parte del recorrido, a la que tardó en llegar pues se detuvo a contemplar desde una de las celdas del tercer piso imágenes que seguramente llenaban de nostalgia e impaciencia a los presos. El mar, la playa con sus olas rompiendo contra el antiguo muro de piedras. Después de un trágico diciembre, cada vez más olvidado por sus compatriotas, el cuartel central de la guardia nacional había desaparecido y ahora la vista podía ir unas cuadras más abajo hasta encontrar pequeños botes dedicados a la pesca artesanal, gaviotas y pelícanos, hasta el nicho impoluto de la Virgen Del Carmen se podía ver con claridad; eventualmente, grandes barcos en espera por su turno para atravesar la zanja que parte en dos el estrecho istmo y ahorrar grandes tiempos sin tener que bordear la punta sur del continente también podían ser vistos desde las pequeñas y sucias ventanas del tercer piso. La vista era relajante, esperanzadora.

-Imaginas todo lo que se pudiera averiguar de esos años en que operó “El Ejemplo”, todo lo que no se ha dicho. Tú has llegado ahora, cuando con todo y que la economía anda floja nos llenamos la boca con decir que tenemos democracia. Se dice que ya no existen áreas prohibidas tras cercos, que nuestras fronteras son naturales y que ya no tenemos que ver patrullas de policías extranjeros con aire de superioridad andando por nuestras calles. Aunque bueno, tenemos una peligrosa cláusula de neutralidad que nos amenaza con el pretexto de seguridad para una zanja de agua dulce que ha hecho ricos y prepotentes a unos cuantos que ahora se creen dueños de una empresa de todos los nacionales puesta al servicio del mundo. Cómo nos pesa ese lema en lo alto de nuestro escudo, deberían cambiarlo. Dime si no es más sensato que diga algo como “Tierra en beneficio de su gente” en lugar del servil “Pro mundi beneficio”. De cualquier modo, hoy es más seguro pensar, opinar y hasta protestar con inteligencia y en público. Nos hacen falta por cambiar muchas cosas para merecer nuevamente las distinciones de “la tacita de oro”, “puente del mundo, corazón del universo” y dejar sepultado, pero sin condenar al olvido, las presiones y conflictos con potencias hipócritas y de intereses disfrazados, con los que se sienten “policías del mundo”; con los años de represión militar con sus presidentes de juguete que hicieron de este país el paraíso de los narcotraficantes y la capital del lavado de dinero. Erica y sus hijos permanecían en silencio. -Saben algo de esto ¿verdad? Había estado hablándoles olvidando que ella era extranjera y que posiblemente no conocía a todas luces los detalles que el apenas y mencionaba con un singular tono de cinismo y orgullo que caracterizaba su discurso para las relaciones internacionales con ciertas naciones del norte.
-La verdad, allá vi en las noticias, hace tiempo, algo de lo que me hablas ahora, pero no sé bien los hechos. Aquí nadie más me ha hablado de las cosas que me cuentas.
-No me extraña, aquí vivimos para el momento; cuando sale el sol ya nadie se acuerda de lo que sucedió al anochecer. Tú sabes que sufrimos una intervención militar “NADA JUSTA” que para capturar a un solo cobarde, monstruo que ellos mismos crearon, destruyó cientos de vidas y de una u otra manera nos marcó a todos los que vivimos esos días. Nunca he conversado con un extranjero de esto, visto desde fuera podría parecer una simple maniobra militar que pronto fue superada; un par de fechas, algunos nombres, pero para nada. El asunto no fue ni tan rápido ni tan limpio. La historia de este pequeño país es inmensa aunque la mayoría cree que podría guardársela en una libreta de bolsillo.

martes, 1 de septiembre de 2009

SOLITARIO (Cuarta Entrega)

3
Reviviendo Lo Pasado

Atraído por un grupo reunido en una de las celdas al final del corredor, en el segundo piso aún, se acercó para ver y oír lo que contaba un hombre de mediana edad con lágrimas en los ojos mientras señalaba una de las sucias paredes; una como todas las otras: rayada, cubierta parcialmente de periódicos con su pornografía barata y más de esas extrañas manchas grasosas, sanguinolentas de tantos que, como él, pasaron por lo mismo.

-Es la única vez que he visto a un hombre llorar mientras dice cosas tan personales a tantos desconocidos. Aunque ese día no hubiera visto tantas razones para clausurar El Ejemplo, lo que escuché decir a ese hombre habría sido suficiente. A pesar que su experiencia se remontaba a la época de los militares y su régimen dictatorial, creo que cosas así siguieron sucediendo y aún hoy continúan, pero las autoridades guardan silencio o cuidan muy bien sus declaraciones y esconden mejor las huellas para evitar las sospechas; lo que sale a la luz es una verdad ficticia. Abusos, torturas, humillaciones, injusticias; todo sigue siendo igual, estoy seguro de que nada ha cambiado.

Erica comprendía la razón por la que su amigo pensaba así; las noticias en todos los medios de comunicación dejaban saber de situaciones sospechosas, declaraciones a medias y acceso restringido a las nuevas instalaciones. Algo no estaba bien y gobierno tras gobierno insistían en negar los verdaderos acontecimientos dentro de los centros de rehabilitación, como habían dado en llamar a las grandes cárceles que se empezaron a construir desde la clausura de “El Ejemplo”.

Representantes de varias organizaciones por los derechos humanos a nivel nacional e internacional tenían sus ojos puestos sobre estos asuntos, pero nadie alcanzaba a dar con el detonador que haría salir a la luz, de una vez por todas, la verdad, no importaba lo dolorosa que fuera para esa sociedad que anhelaba ser libre, moderna y efectivamente democrática, igual para todos.

A quienes iban con él y a quienes se fueron acercando movidos por la curiosidad, el hombre les dijo que fue detenido cerca de la Universidad Estatal cuando participaba, junto a cientos de estudiantes, en una protesta contra los abusos que cometía el gobierno en el país entero; era una dictadura militar cada vez más represiva. Un auto decorado con dibujos animados disparó chorros de agua contra ellos, una vez más se les reprimió con fuerza dando inicio a otra de las incontables batallas que por esos alrededores han sido escenificadas entre la policía con sus bombas lacrimógenas y disparos de perdigón y los estudiantes que ofrecen resistencia con palos, piedras y cuanto pueden utilizar del inmobiliario de la universidad; hasta bombas caseras y canicas han formado parte del arsenal estudiantil.
Agentes obligados a cumplir una orden y jóvenes reclamando democracia, dos bandos de gentes populares, enfrentados mientras el principal responsable gozaba de viajes, mansiones y escandalosas relaciones sexuales. Él tropezó antes de lograr refugiarse dentro de las instalaciones universitarias. Después de varias patadas, muchos golpes con palos y mangueras e insultos lo hicieron subir al vagón de un enorme pick-up junto a otros compañeros que corrieron con la misma desgracia. Hombres y mujeres eran tratados por igual, con la misma violencia. Unos sangraban y se quejaban de dolor ante la fuerza de las agresiones, otros forcejeaban y arremetían furiosos contra sus represores, ciudadanos que al quitarse el uniforme no eran más que simples y corrientes víctimas del régimen.

El pick-up cargado de estudiantes se dirigió al hospital, donde bajaron a los que parecían más lastimados y a todas las mujeres, el resto de los hombres fueron enviados a “El Ejemplo”. Él fue uno de ellos, de los que tuvo que enfrentar el rápido, sencillo e inolvidable proceso en el que les vaciaban los bolsillos y en una bolsa plástica, que jamás recuperarían, depositaban sus pertenencias -carteras, relojes, collares, dinero- luego los separaron llevándolos a diferentes celdas, encerrándolos junto a verdaderos delincuentes.

La celda en la que se hallaban esa tarde, era a donde él fue a parar, lo recordaba nítidamente. En aquel segundo piso el guardia le quitó las esposas y lo empujó dentro de la celda. Los maleantes que lo vieron llegar no tardaron en burlarse del “niño bien”. La mayoría era gente inculta que ignoraba la situación que enfrentaba la gente decente y el rumbo a la ruina que llevaba la nación. Lo golpearon por placer y para demostrarle quienes eran los que mandaban tras las rejas. Al notar que aún llevaba la ropa húmeda uno de aquellos infelices propuso darle calor. El guardia que todavía estaba de pie frente a la reja rió a carcajadas, una burla grotesca contra un estudiante de segundo año de derecho y se marchó mientras continuando con su risa pérfida deseo buen provecho a los criminales.

-Se me lanzaron encima y me quitaron la ropa... Me estrellaron contra la pared. Dijo señalando las manchas.
-Dos de esos desgraciados me agarraron para que no pudiera defenderme y otro... Tenía el rostro bañado en lágrimas de humillante dolor, no tenía que dar más detalles. Respiró hondo y agregó.
-Uno por uno, todos me hicieron lo mismo... forcejear y gritar no me sirvió de nada.

Todos, excepto uno, abusaron de él antes de sentir una especie de lástima pasajera y soltarlo arrojándole de vuelta su pantalón y lo que quedaba de su suéter. El hombre contó que se quedó tirado en el suelo; encogido, devuelto a una posición fetal. Temblaba de frío, rabia y dolor. El único que no abusó de su desgracia ni se burló de su agredido idealismo fue José, un varonil homosexual que usó el destrozado calzoncillo del muchacho para limpiarle la suciedad y la sangre que escurría entre sus nalgas y muslos. Fue una semana completa sintiéndose indefenso. Por las noches José se acercaba a él para protegerlo; en una esquina lo abrazaba y no permitía que nadie se le acercara. Durante esos siete días, en dos ocasiones fue él, José, quien se ofreció a recibir las humillaciones y deshumanas embestidas sexuales.

Cuando sus padres pudieron lograr su libertad estaba más flaco que nunca, ojeroso y sin fuerza, pero dos días después volvió a la universidad y siguió participando de las protestas que cada vez eran más grandes, con mayor apoyo y firmeza civil exigiendo el fin de la opresión militar. Su ímpetu contagió a su familia; todos los medio día, asomada en el balcón de su apartamento, su madre empezó a sonar una paila con el cucharón de revolver, igual que cientos de amas de casa y su esposo acompañó a su hijo a las marchas multitudinarias de la cruzada.

Meses más tarde recibió una extraña llamada. La madre le avisó que un tal José lo solicitaba desde el otro extremo de la línea telefónica. Algo había sucedido y le otorgaban la libertad tras varios años de encierro por asesinar a su padrastro, un hombre que maltrataba a su madre y violaba a sus dos hermanas, para él siempre tenía insultos, pero el día de su fin llegó cuando José no soportó más la situación y reaccionó ante sus agresiones.

-¡Tú eres más maricón que yo. Desgraciado. Eres un animal, pero ya no vas jodernos más! Le dijo interviniendo cuando el tipo pretendía arrojar sobre su madre una olla con agua caliente por no cumplir al instante sus exigencias de borracho.
-¡Sí, el cueco te va a matar infeliz! Le gritó mirándolo a los ojos. Decidido a defender a sus mujeres y acabar con las ofensas que a diario recibía por no ocultar su preferencia sexual.
-¡Es verdad, soy cueco, me gustan los hombres, me gustan mucho, pero eso no me hace ni la mitad de porquería humana que eres tú. Un hombre de verdad no golpea a su mujer ni la hace suya a la fuerza, no la coge como si fuera una perra en celo. Un hombre tampoco abusa de una niña! Fueron las últimas palabras que el tipo escuchó decir a José antes que le disparara todas las municiones que tenía el revolver sin registro que había conseguido con un vecino, miembro de una de las pandillas del barrio.
-¡Sí, soy un maricón y tú eres menos hombre que yo! José mató y fue a declarar su culpa ante las autoridades que lo encerraron. Su madre y hermanas se olvidaron de él; en cambio lloraron sobre el cadáver de su verdugo, rezaron por el eterno descanso de su alma y lo enterraron vestidas de negro; se decretaron de luto y vistieron de negro por todo un año sin pensar una sola vez en la suerte que, por defenderlas, corría José en “El Ejemplo” donde fue trasladado una semana después del crimen. Lo único que tenía al salir de la cárcel era su ropa vieja, la cédula descolorida cuya foto no era ni la sombra de quien era ahora y el número de teléfono que le dejara anotado en un trozo de caja de cigarrillos el muchacho al que ayudo en la desgracia. Los padres pensaron que si su hijo estaba tan agradecido con José, por algo muy importante tenía que ser. No hicieron preguntas y lo recibieron como a uno más de la familia.

Cuántas historias más como esa se habrán quedado encerradas para siempre por el dolor y la humillación que significaban para sus protagonistas. Impresionado con el testimonio de aquel hombre, que más tarde reconocería como el influyente fundador de un partido político que luchaba por alcanzar la presidencia y devolver la dignidad a un pueblo insatisfecho, lentamente salió de la celda y subió hasta el tercer piso.

lunes, 31 de agosto de 2009

SOLITARIO (Tercera Entrega)

Solo, así como siempre se le veía y notaba si acaso alguien se interesaba en comprenderlo, regresó al pasillo inicial, la arteria principal que recorría todo el centro. Avanzó hasta llegar a otra reja abierta en la que colgaba un pesado candado. Entró pareciendo formar parte de un grupo de gente que hacía el recorrido. Dentro de esta celda recordó ver la única tina para lavar dentro de las áreas a las que tuvo acceso, años después se preguntaría dónde tenían el baño para esos doblemente estigmatizados sociales y dónde lavaban su ropa el resto de la población de reclusos. Uno de los policías que aún permanecía asignado al lugar les informó a todos que la celda en la que se encontraban era en la que permanecían la mayoría de los homosexuales, muchos infectados con el Virus de Inmunodeficiencia Humana; condenados al abandono del que solamente la etapa SIDA se acordaría de enviar a la muerte por ellos para darles un poco de libertad, en el cielo o en el infierno, según la verdadera justicia dictaminase.

No memorizó arquitectónicamente el edificio, de su visita guardó más bien muchas impresiones humanas que jamás dejaron de motivar interesantes confrontaciones en su mente para expresar luego una opinión concreta en la mayoría de los casos. Era una de sus cualidades, ajustar con inteligencia su opinión a su experiencia sin miedo a no pensar igual que las mayorías.

Las otras personas que entraron con él a la celda que fuese de los homosexuales mostraban en sus rostros una expresión de terror, pero no por las consideraciones que él valoraba sino ante la absurda idea de contagiarse allí dentro; no se atrevían ni a respirar, mucho menos tocar algo. Él pensaba en la facilidad con la que los reclusos sí podían ser infectados, sabiendo la frecuencia de los enfrentamientos entre bandas y disputas personales en las que armas, violaciones, golpes y sangre podían tocarle a cualquiera con una gran posibilidad de contagio, no solamente de VIH; hepatitis, herpes, el sitio era una húmeda incubadora de males.

En una época en la que la información intensificaba sus medios para llegar a todo el mundo, los secretos a voces de su entorno social y político, que con el tiempo denominaría elementos culturales, llamaban poderosamente su atención. Quería, necesitaba saber más, conocer por experiencia propia, estar al tanto de lo que sucedía en esa sociedad que lo seducía y retaba a conquistarle.

El final del pasillo que inició al pie de las escaleras desembocaba en un salón amplio que, si bien no era el más limpio, era el menos sucio. Un lugar en el que las paredes pintadas de blanco intimidado de mugre reflejaban cuanto podían de la luz que entraba por el ventanal enorme que ocupaba la mayor parte de una de sus paredes laterales, la que daba al patio. El comedor, ya sin las mesas ni los bancos donde los internos recibían su porción de crema de avena, maíz o plátano preparada con leche contenida en latas con fecha de caducidad vencida y pan enmohecido para desayunar; guacho de patas y vísceras de pollo todos los días en el almuerzo. La cena era más variada; arroz con algo que parecía ser carne de res o de cerdo con un sabor siempre incierto, algunas veces era una presa de pollo que según su vecino, hijo de un policía ya jubilado, era donado por empresas de granjas avícolas; las mismas que fueron sancionadas por el mal manejo de sus desechos y a las que se les pedía, por cuenta de las autoridades sanitarias, no arrojar piezas de sus animales al vertedero de basura pues se había confirmado que algunas personas se daban a al tarea de sacarlos, hervirlos con colorantes químicos o vegetales y después venderlos como el más delicioso y fresco pollo asado en las avenidas populares de la ciudad.

Los detenidos declaraban en cartas y denuncias que se hacían públicas en todos los medios de comunicación que uno de los ingredientes secreto era un polvo que incorporaban frecuentemente en las comidas con el propósito de alterar la capacidad metabólica, suspender la actividad intestinal y lograr una impecable muerte natural.
-De algún modo tenían que hacer frente al problema de hacinamiento que triplicaba la capacidad del Ejemplo.- Confesó alguien bien enterado de cómo eran las cosas tras las rejas.

Bordeado por un alto muro pintado de rojo y del mismo blanco que el comedor, con una pequeña torre con lámparas reflectoras en la única esquina que no estaba unida a los dos edificios que conformaban el centro, el patio resultó más amplio de lo que imaginaba. Abandonó el comedor por la única puerta habilitada para los visitantes de esos días y pisó el espacio abierto al sol en cuyo centro una mal llamada cancha de básquetbol parecía abandonada desde mucho tiempo atrás, en una esquina un pequeño nicho contenía la imagen de algún santo.
-El Divino Niño, con su ropa pintadita de rosa era lo único que parecía bien conservado.- Comentó a Erica.

Más que un santo, el Hijo de Dios contemplaba a los hombres andar de un lado a otro con sus caras largas y expresión cansada, algunos en grupos escandalosos y no faltaban los que desde algún rincón estratégico, aparentemente fuera de la mirada de los policías, se dedicaban a continuar con el negocio, el mismo que los había llevado a la cárcel. Gravilla, tierra, arena y unas pocas hierbas que reverdecían tapizaban el resto del espacio que en ocasiones era un privilegio negado a los reclusos o bien se convertía en una salida humillante y dolorosa. Así quedó en evidencia cuando un canal de televisión nacional, gracias a un periodista y su camarógrafo, comprometidos con su labor, mostró en su noticiero estelar, el de las seis de la tarde, un video que nadie olvidaría; la prueba más contundente para demostrar lo cierto de las denuncias presentadas contra los policías encargados del centro por abuso de autoridad en menoscabo de los derechos humanos. Tras la voz justa y ciudadana de una residente de uno de los edificios vecino del Ejemplo, captaron desde la azotea el momento en que hacían salir a un grupo de reclusos desde el comedor; de uno en uno, con las manos detrás de la cabeza y completamente desnudos para pasar entre cobardes uniformados o con medio uniforme encima que los recibían a palos. Correr, a penas eso podían hacer, ir uno tras otro tan rápido como se los permitía el dolor que cada golpe otorgaba a sus cuerpos. El porqué de tanta violencia y otras muchas preguntas jamás fueron declarados. Las supuestas investigaciones no dieron con el origen de la costumbre que por años fue denunciada de boca en boca por familiares de los detenidos, pero sin manera de mostrar prueba alguna. Hizo falta esperar que caridad, vocación, tecnología y la mano de Dios se pusieran de acuerdo para conseguir las imágenes de uno de los tantos secretos que existían en El Ejemplo. El escándalo fue inmediato. Pocas veces se ha mostrado algo de las cárceles que no sean distinguidos malandrines de barrio de quinta categoría que, sin educación ni cultura que en su argot y cultura de dientes forrados en oro, torsos desnudos, mal tatuados de obscenidades, nombres de amantes, Vírgenes y Cristo en morbosa blasfemia, pantalones anchos, rotos y mal puestos, con la mirada orientada a algún espacio lejano de la galaxia de la hierba, la piedra y el polvo derrocha distorsionadas frases bíblicas junto con su denuncia de supuesta mala suerte ante la mora judicial y lo mal que sabe la comida. Declaraciones patéticas en boca de un hombre que todos saben ladrón, violador de menores y asesino. Pagan justos por pecadores, pero los justos no dan “raiting”.

Por un instante la conversación entre Erica y su amigo abandonó los recuerdos e intercambiaron opiniones del trato que deben recibir las personas encarceladas. Un tema demasiado complejo para ser abordado, entendido y consensuado en una plática ligera, así lo entendieron ambos y prefirieron dar continuidad al relato. Los hijos de Erica llegaron en ese momento, a tiempo para ser enganchados de interés con solo oír una frase:

-Bienvenido a la Escuela del Mal
Donde el Diablo Llora-

La pequeña audiencia lo observaba señalar con sus manos en el aire, como si estuviera nuevamente en el patio del Ejemplo leyendo la frase que se hallaba sobre la entrada a los pabellones donde permanecían la mayor parte de los detenidos. Una frase que daba pie a múltiples interpretaciones de lo que había en la mente de aquellos individuos, el sentimiento que desahogaban rayando y pintando las paredes.

Tres pisos de lo mismo, el hacinamiento había provocado una especie de mutación interna en la organización de las celdas procurando el acomodo de la creciente población penal. El acceso a cada nivel era asegurado por una reja de hierro, prácticamente al borde de la única escalera. Cada piso era una gran celda, las rejas que inicialmente dividieron el espacio interior tuvieron que ser removidas ante la impresionante mora judicial que hacía permanecer a los sujetos detenidos, sin juicio ni condena, indefinidamente. El órgano judicial era un caldo de corrupción, ineficiencia y escándalos cociéndose a fuego lento. Un problema en letra mayúscula. La justicia era más que ciega y sorda, salvo un buen cheque o fajo de verdes billetes recién lavados, parecía congelada en un sueño hipnótico o estado de coma. No funcionaba, desconocía palabras que debían ser su norte: libertad e independencia.

Si en las celdas de castigo y en las otras que se observaban en la primera parte del recorrido la humedad, poca luz, calor, suciedad y malos olores eran impresionantes, nada preparaba a los visitantes para lo que encontrarían en estos tres pabellones. Tres enormes cavernas de concreto y varillas de metal llenas de escondrijos vacíos que semanas anteriores habían sido motivo de disputas entre criminales y miembros de bandas organizadas para sembrar la inseguridad y el miedo en los barrios, más comúnmente en los sectores humildes. Era una lucha constante por crear e imponer sus propias leyes, la constitución de la sociedad sin libertad. Ni las autoridades encargadas de administrar los centros penitenciarios ni los directores de la policía admitieron que los enfrentamientos por el poder interno entre los reclusos ocasionaban en promedio una muerte diaria; cadáveres que al amparo de la noche eran sacados de las celdas y despachados a fosas comunes en algún cementerio municipal o a la morgue del hospital público o de alguna de las tres facultades de medicina del país donde jóvenes entusiastas harían de ellos y sus sistemas de órganos material didáctico. Sin duda más beneficio ofrecían después de muertos que vivos, se preguntó si la pena de muerte no sería una buena alternativa. En aquello de las muertes, nadie tuvo pruebas que presentar, por eso nadie denunció, nadie investigó y aquí no ha pasado nada, como parecía ser una costumbre nacional. Aquí no ha pasado nada, otro misterio, un secreto más que se perdería entre los ecos de los escombros al demoler la estructura.

Costaba respirar, se sudaba como en medio del desierto y la hediondez de los desechos orgánicos era insoportable. El suelo cubierto de basura, más trapos y más de lo mismo que los detenidos no lograron llevarse consigo. Pornografía en las paredes, ropa vieja, improvisadas hamacas y cojines que servían de lecho. Servilletas, periódicos y papel higiénico. Si compartir esa tarde el espacio con una o dos decenas de personas resultaba incómodo, imaginó lo que era el hacinamiento y se prometió respetar las leyes hasta el último de sus días. Asomarse por las diminutas ventanas no aliviaba la carga ni a la vista ni al olfato. Cartuchos cargados de excremento fue lo que halló en las pequeñas láminas de zinc oxidado colocadas sobre las ventanas para evitar que los fuertes vientos introdujeran el agua cuando llovía; tarea que no cumplían satisfactoriamente, charcas recién formadas por el aguacero de las horas previas lo demostraban en su escurrir hacia la unión con las aguas negras que se desbordaban desde las duchas y sanitarios. Aquellos, otra triste historia, un espectáculo de humillación al hombre; ubicados en la entrada de cada nivel, carecían de inodoros, en su lugar tubos en el suelo servían para depositar, con excelente puntería, el desecho final de la digestión; un canal de extremo a extremo al pie de una de las paredes era el mingitorio y seis o diez duchas goteantes, llenas de limo, al otro lado fueron testigos mudos de amenazas, peleas y violaciones salvajes, quizás de asesinatos.

Al asomarse por una de las ventanas en el primer piso se percató que tal como señalaron los diarios en la edición al día siguiente del hecho, la altura era peligrosa y resultar con sólo una pierna rota tras saltar a la calle desde el estrecho alero era algo como un milagro para el reo que intentó escapar del infierno donde cada hombre era un demonio en potencia; en donde las visitas les eran permitidas por una hora cada quince días. Al personaje en fuga, un grupo de policías lo levantaron a palos, lo llevaron en un auto patrulla al hospital para atender la fractura y regresaron con él para depositarlo dos semanas enteras en una de las celdas de castigo; después de eso, nadie supo más nada de él, nunca volvió a su celda.

En el segundo piso las imágenes desde la ventana eran poco diferentes, a penas se veía más del interior del cementerio extranjero, ubicado al lado del enorme Cementerio Presidente y separado de éste por un alto y grueso muro blanco, en frente una enorme reja de hierro. El campo santo donde reposaban los restos de cientos de inmigrantes de todas las latitudes que llegaron para quedarse por mil motivos, desde todos los tiempos, en esa tierra fértil y próspera. Erica se preguntó si acaso el día llegaría en que su cuerpo se integraría para siempre al suelo que ella misma escogió para sembrar sus sueños. Su amigo la observó pensativa, mas no imaginó en qué asunto. Era una artista polifacética, una mujer completa, así que asumir o atreverse a pensar por ella era un riesgo que él no asumía.

domingo, 30 de agosto de 2009

SOLITARIO (Segunda Entrega)

2
El Ejemplo
Saturado por una morbosa curiosidad decidió volver tarde a casa; lo poco que había visto en las noticias la noche anterior llamó demasiado su atención y quiso estar allí, era su primera y única oportunidad para entrar en aquel lugar cuyas paredes guardaban cientos de secretos, muchos vinculados con el más oscuro periodo de la república, los años de la dictadura militar.

Al salir del colegio tomó un autobús en el que atravesó la ciudad hasta la parada en el punto de retorno; entre los terrenos del Cementerio Presidente, donde procuran descansar eternamente muchos de los hombres y mujeres que han alcanzado un lugar destacado en la historia del istmo. Poetas, caudillos, políticos y mártires sembrados al borde de la verde falda de un cerro que en el pasado simbolizó soberanía y ahora se había convertido en sinónimo de abandono e indiferencia, a pesar de existir escandalosos intentos de consorcios y grupos empresariales interesados en rescatarlo con proyectos turísticos que no terminan de florecer. Progreso económico y conciencia nacionalista enfrentando los intereses de la ciudad capital. Él apoyaba a la conciencia.

La fila para ingresar era más extensa de lo que pensó, pero nada le impediría acercarse a esos espacios plagados de dolor y misterio. Ocupó el último lugar, como a dos cuadras del portón de entrada; delante iban dos lindas estudiantes de su misma edad acompañadas por un profesor, cada uno con su cámara fotográfica.
-¡Cómo no pensé en eso! no tengo nada para demostrar que estuve aquí.
Afortunadamente su sensibilidad y buena memoria le ayudarían a conservar los aspectos más impactantes de su visita; comentarios, imágenes y aún olores se quedaron grabados en su mente.

La cantidad de visitantes sorprendió a las autoridades, era mucho el público que deseaba conocer uno de los rincones en donde se refugiaba y aprendía la maldad. Todo en los días previos a la demolición de éste último monumento al hiriente pasado de la república y la planificada construcción de un complejo habitacional para familias de bajos ingresos en cumplimiento a una de las promesas de gobierno que hiciera el presidente en turno; el segundo en una sucesión democrática, miembro de un partido político con génesis en la dictadura militar, un hombre que se enfrascó con decisiones fuertes para reactivar completamente la economía; dueño de un carismático cinismo, personalidad imponente y la más clara visión de la nación como una empresa en busca de su espacio en el mundo globalizado, donde la práctica parece sugerir modernizar o desaparecer.

Tras leer un libro recomendado en una de sus reuniones del Círculo de Lectores, el hombre recordaba episodios de lo que le había tocado vivir como minúsculo protagonista de la historia nacional. Sin dudar ella era una de sus pocas, buenas y verdaderas amistades; con quienes desarrollaba prolongadas visitas que servían de marco para las más diversas conversaciones, como esa de sentimientos intensos y hermosos por la tierra que nutre y ve crecer a su gente.

El hombre continuó narrando las imágenes que conservaba de aquella tarde. Dijo que mientras avanzaba lentamente hacia la entrada del polémico penal pensaba en lo ridículo y manipuladores que son la mayoría de los políticos que con cada periodo de gobierno se alternan en el poder haciendo un bochornoso borrón y cuenta nueva de abusos, escándalos y decisiones impopulares; lo mismo que pensaba en la inconciencia o ingenuidad de la ciudadanía que continuaba otorgándoles respaldo sin exigir cuentas ni levantar protesta de modo organizado, pacífico e inteligente.

Sus pensamientos, muy maduros para su edad, empezaban a tomar profundidad en asuntos de democratización, política, estado y sociedad cuando un rayo inauguró de la nada un torrencial aguacero. Dos o tres personas se retiraron de su lugar y corrieron a refugiarse bajo las pequeñas marquesinas que bordeaban algunos de los edificios cercanos. Una corriente de agua sucia arrastrando latas, empaques vacíos y otras porquerías formó una cascada que invadió toda la acera. Sin intención de retirarse, en un solo movimiento, como una serpiente multicolor decidida a alcanzar su presa, la gente dio un paso a un lado y ocupó la calle. Primero el sol sofocante, luego la lluvia fría y la corriente de suciedad; nada los alejaría, se miraban unos a otros, todos empapados conversaban como si nada. Estaban haciendo historia, aprendiendo historia. Una fresca historia que círculos de poder, nacionales e internacionales, pretendían hacer ver distante, olvidada o como una herida ya sanada. Nada más falso. Completamente F-A-L-S-O. ¡Falso!.

Tras dos horas de espera bajo las caprichosas condiciones del ambiente tropical y húmedo de la ciudad, por fin tuvo su turno para entrar en el misterioso lugar que todas las mañanas veía al pasar camino al colegio; un alto muro con alambre de púas en algunas áreas, pequeños techos rojos y minúsculas ventanas con barrotes negros; durante cinco años había pasado prácticamente a diario por allí, imaginando lo que debía existir dentro. La ansiedad lo animaba a pesar de ser el único que iba sin compañía.

El aguacero había terminado media hora antes y el sol brillaba otra vez en un cielo muy azul. Atravesó el enorme portón de hierro que vio de fondo en las noticias televisadas, cuando se realizaba el traslado de los reclusos al nuevo complejo penitenciario. Imágenes de sorprendente admiración: iban llevando pequeños bulto de ropa entre sus manos esposadas; muchos sonreían aliviados, aún sin libertad sentían que Dios se acordaba de ellos. Los gritos de auxilio y protesta con la ayuda de abogados y familiares daban frutos, aunque los pobres no imaginaban que ese mismo fruto se convertiría en semilla por germinar. Sería sólo cuestión de tiempo para que todo volviera a ser igual. Los hombres con más tiempo encarcelados en esta prisión ahora clausurada sentían que volvían a nacer, eran auténticos sobrevivientes.

Sin hacer interrupción alguna, Erica escuchaba la narración con todos los detalles que su amigo iba aportando para que ella comprendiera más y mejor algunas de las situaciones experimentadas por los que enfrentaron la pesadilla del encierro en EL EJEMPLO, una prisión cuyo nombre sería recordado como el antónimo perfecto de lo que se vivió entre sus muros.
Un pasillo amplio y sombrío era la primera parte del recorrido, un pasillo con varios cubículos que servían de oficina a algunos oficiales. Una escalera al final llevaba a los despachos superiores y a la entrada del área de celdas especiales. En el entrepiso, un espacio suficientemente amplio, se exhibían los resultados de la última requisa que se llevó a cabo en las celdas: Navajas, cuchillos y punzones; unos como tal, pero la mayoría de producción artesanal y clandestina por los reclusos con cucharas, madera, barrotes, trapos y materiales similares con los que se las ingeniaban para conseguir un arma de defensa en aquel antro donde no sobrevivía el más fuerte ni el más apto sino el más malo. La principal regla dictaba: matar o morir.

Después de una breve pausa ante la peculiar exhibición avanzó para llegar a las escaleras que descendían llevándolo por un estrecho y oscuro corredor, no sin antes notar áreas taladradas en columnas, vigas y paredes en donde serían colocadas cargas explosivas cuando llegara el momento final de la estructura. La escasa iluminación natural en esta especie de sótano llegaba atenuada por las pequeñas ventanas de concreto que bordeaban la parte más alta de las paredes, casi pegadas al techo del lado izquierdo. Era un sitio húmedo y sucio. Las paredes se hallaban llenas de indefinibles manchas grasosas. Un par de bombillas eléctricas colgaban de las vigas de hierro corroído por el tiempo y la falta de mantenimiento. El piso estaba repleto de abandonos; papeles, trapos y recipientes desechables, era como caminar por un basurero o visitar una exposición de desechos.

Fue todo lo gráfico que pudo ser en su introducción a este recuerdo. Una lectura que creyó inconsecuente lo había marcado sutil y profundamente. Consideraciones dormidas en su pensamiento fueron reactivadas. En un juego de fantasía literaria, recuerdos adolescentes y la visión que ahora le otorgaba la madurez, todo se acomodó en una síntesis de su historia personal dentro de la gran historia de su país. Erica, recostada cómodamente, observaba brillar los ojos de su amigo quien parecía recitar de memoria un extenso poema; extenso y en verso libre, para tocar sus emociones de mayor patriotismo y tomar decisiones dramáticas para su vida y los sucesos que no cesaban en su país natal.

Continuando su relato dijo como encontró las primeras dos celdas ubicadas en aquel pasillo oscuro; una frente a la otra, dos estrechas entradas. Así como vio hacer al reportero en el noticiero nocturno, igual hizo él; abrió una de las puertas de metal, entró en la celda y volvió a ajustar la entrada casi por completo. Dentro, la luz no existía, se respiraba un asfixiante vapor; moverse allí dentro era prácticamente imposible. Era una celda de castigo. Un solo hombre podía ocuparla a la vez y sin duda estaría incómodo; a lo sumo tendría espacio para uno o dos pasos hacia delante y hacia atrás, extender los brazos frente a la puerta, ni pensarlo. No había más lugar para hacer las necesidades fisiológicas salvo el suelo, que era también su cama. Un solo minuto de encierro le bastó para mortificarse y salir preguntándose si después de experimentar el encierro en una de esas celdas un hombre era capaz de volver a cometer un delito, en caso de haber ido a parar al Ejemplo por delincuente. Diez años más tarde pensaría en aquella experiencia como un simbolismo, una metáfora de la injusticia y el dolor que representaba lo que se vivía entre las fronteras de su país; entre dos naciones y entre dos mares, fue su vivir en carne propia las calamidades de un sistema perdido.

Avanzando otra vez por el pasillo llegó a una nueva entrada, el lugar empezó a parecerle un laberinto como en los que jugaba cuando a su pueblo llegaba la feria llena de divertidas atracciones. Ahora nada era divertido, hasta pocos días atrás aquella vieja estructura en cuyo interior se hallaba había funcionado como cárcel; la más famosa del país, al menos en tierra firme, parte de varios oscuros episodios de la historia nacional y muchas historias personales. También eran dos celdas las que se ubicaban en este pasillo, tan estrecho como el anterior y un tanto más oscuro por estar alejado de las ventanas que bordeaban el área superior contraria. El espacio dentro de ellas era considerablemente más amplio que en las celdas de castigo, pero no perdían la humedad ni el sucio. Estaban iluminadas penosamente por bombillas eléctricas de unos pocos “w”. Su confort se hallaba en un catre de lona recostado a una de las paredes, una tablilla en la otra y al final lo que parecía ser un baño, pero prefirió no verificarlo cuando una ráfaga de viento colada desde quien sabe donde abofeteó su sentido del olfato con uno de los hedores más desagradables que hasta entonces podía recordar.

-Erica, no recuerdo haber sentido algo tan asqueroso antes de ese día. Una mezcla de podrido y sucio, no sé cómo explicártelo. Puedo decirte que lo más hediondo del mundo es un cuerpo en descomposición, sea de rico o sea de pobre, un humano muerto es lo más asqueroso que he olido, pero las condiciones en EL EJEMPLO eran verdaderamente miserables.

El hombre trataba de asociar memorias; lo que tuvo que ver, tocar y oler, hasta sentir que lo llevaba en la boca, en la morgue de un hospital público mientras fue estudiante de medicina, lo que incluía el cadáver de un hombre hallado por sus vecinos, gracias al fétido olor, una semana después de su deceso. Lo recordaba como si hubiese sido el día anterior. Puesto en una posición inusual, como si estuviese sentado, pero con la espalda recostada en la camilla; obviamente rígido, hinchado, lleno de ampollas que parecían explotar al mínimo contacto. Piel putrefacta rondada por moscas atraídas ante semejante desgracia. Aún y las diferencias en cada caso, al fin y al cabo, la morgue estaba diseñada para albergar cuerpos sin vida. Las celdas mantenían a algún infeliz que contaba los días que lo separaban de su libertad. Era difícil aceptar que el recluso que ocupara una de esas celdas debía sentirse privilegiado; las celdas para prisioneros especiales las ocupaban algún extranjero o nacional, con buenos contactos, envueltos en estafas, narcotráfico o escándalos políticos. Reclusos alejados de ladrones, violadores y asesinos; drogadictos, depravados sexuales y muchos portadores del VIH. Lejos de muchos inocentes que no corrían con la suerte de ser catalogados un prisionero especial.

La celda de junto aparentaba estar más limpia, hasta se hallaba en ella un ventilador de pedestal que batallaba contra el asfixiante ambiente; una lámpara de tubo alógeno estaba a cargo de iluminar las paredes vestidas de angustia. En lugar de un catre había una cama pequeña con colchón de resortes que aparentaba ser nuevo. La tablilla le dio la impresión de ser usada como escritorio por lo limpia que se veía, también por las plumas y lápices sujetos con una liga y sobre un manojo de papeles que permanecían en ella, a su lado una silla plegable, todo un estudio. A simple vista el baño parecía limpio y decente, cuando se acercó no hubo sorpresas desagradables al olfato, sólo descubrió que la pared frente al inodoro estaba tapizada de piso a techo con hojas de revistas y periódicos con imágenes de mujeres desnudas; pornografía barata para colaborarle a la imaginación en los momentos de solitario consuelo y satisfacción, no había otra alternativa para esos hombres privados del contacto sexual con una hembra de cuerpo verdaderamente tangible.

sábado, 29 de agosto de 2009

SOLITARIO (Primera Entrega)

Hace varios años escribí esta historia y la compartí en mi Blog pasado. El tiempo ha continuado su marcha y mi amado país ha entrado en un círculo vicioso de política y necesidades sociales; la violencia parece estar ganando el combate, la sociedad se conforma con palabrería y sentimentalismos, nuestros políticos cosechan glorias y simpatías con las carencias populares.
Hoy quiero volver a compartir SOLITARIO, no porque sea lo mejor que he escrito ni porque dice lo que nadie se ha atrevido. Simplemente quiero contar algunas cosas, en amalgama de verdad y fantasía, con libertad creativa. Es que con el pasar del tiempo he comprendido que nada va a cambiar si no cambia el individuo y yo quiero cambiar, crecer y contribuir a hacer grande esta pequeña tierra. Antes conservé tantos escritos, guardé tanto silencio, pero no más. Vuelve a la luz mi palabra, esta génesis de tantas cosas por contar, vistiendo de esperanza e ilusión una realidad que me llena de pena.
A Modo De Presentación

El panameño es una persona alegre, sencilla y espontánea; muchas veces conformista, casi mediocre; otras veces ambicioso de éxito, un triunfador de primera clase. Panamá es una tierra acogedora en cualquier época del año que ha recibido influencias culturales del mundo entero y se ha hecho una nación cosmopolita. Somos impuntuales, enemigos de recordar viejos tiempos, siempre corremos el riesgo de repetir la historia.

Clases de geografía, cívica, sociología o historia entre tantas que por décadas se han dictado en las aulas de colegios y universidades de nuestro país no bastan para comprender todos los hechos acontecidos en nuestro territorio y la manera en que el pueblo los percibe. Ayudan, es cierto, pero hay que llevar el análisis más allá, debemos enseñar a la juventud a ser crítica. Tenemos que aprender a conjugar lo escrito con la propia experiencia; buscar nuevas fuentes y traspasar límites virtuales, solamente así se descubre el amor por este istmo americano.

El argumento planteado es resultado de recuerdos, experiencias y sucesos recientes, mezclados en una nueva realidad -la realidad literaria-. La historia no es concreta, son a penas breves escenas de una memoria que tocó viejos recuerdos guardados entre los muros de una prisión y los sucesos dados en consecuencia a una prolongada conversación entre dos amigos, uno bastante lejos de su tierra.

Solitario es una novela breve; no es historia ni una verdad absoluta, eso no existe.
 
 
 
Dedicatoria

A Erica Bolívar; la verdadera Erica -mi amiga- una mujer de la que he aprendido tanto. Por las sonrisas y silencios, por sus consejos y confidencias, por todo el tiempo que pasamos juntos.



A los panameños que con opinión y criterio propio no olvidan su historia, nuestra historia. También a aquellos que prefieren olvidar.
 
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"La patria es el recuerdo... pedazos de la vida"
Patria (fragmento)
Ricardo Miró (panameño)





1
Círculo De Lectores

Los argumentos con los que introducía sus memorias de aquella experiencia sucedida una década atrás hicieron que ella, después de dos años, se llenase de nostalgia; volvió a extrañar inmensamente su tierra y deseo volver, no importaba cuán difícil resultara regresar a un país en el que su gobernante, de ideas autoritarias e incuestionables, ejercía su poder sin limitaciones. Esa fue la causa que la hizo salir, junto con sus dos hijos, del amado pueblo, cercano a la frontera, para comenzar una nueva vida en un país cuya belleza y calor tropical prometía mejores oportunidades.

Un medio día, a inicios de año, Gloria pasó buscándolo para que la acompañara a realizar unos tramites y de paso presentarle a una nueva amiga, la misma de la singular aventura que semanas antes le había comentado. Los trámites eran en la Dirección de Catastro y en la compañía de distribución eléctrica. Gloria había conseguido mudar a Erica, como se llamaba la simpática extranjera, desde la ciudad capital, cargada de altos costos, hasta su localidad; un distrito, diminuta ciudad ubicada a poco más de media hora al otro lado los puentes que servían para unir dos grandes masas continentales; estructuras, cada una con su propio tiempo e historia. La química entre Erica y él fue cosa instantánea, los meses siguientes no hicieron más que confirmarlo.

El libro referido era un trozo de historia novelada al que cada lector otorgaba el mérito que más le apropiaba según su juicio. Así fue catalogado desde una lectura extensa y aburrida, hasta una obra de incalculable valor narrativo. Todo aquello pasando por los comentarios del fuerte carácter del autor que se retrata en su obra. Él mismo fue uno de los que, basados en un juicio superficial, consideraron la narración como incompleta; reconocía una trama estructurada con inteligencia y buen ritmo a pesar de su considerable extensión, pero se negaba a otorgarle todos los honores a una producción que dejó de mencionar otras tantas cosas.
-Me lo prestaron en la biblioteca, es del mismo autor cuyo libro reciente fue presentado en el Círculo de Lectores; el mismo al que le envié un e-mail, que nunca respondió, expresándole mi admiración por su trabajo y mi profundo interés en conocerle personalmente. Creo que este libro no es mejor, no me ha hecho sentir a sus personajes como aquel otro. Lo que sí ha conseguido es hacerme recordar y pensar en algunos episodios históricos del país y comprenderlos mejor; mejor ahora, porque cuando sucedieron yo no llegaba al mundo o era un chiquillo todavía. La obra no es mala, pero no le alcanzan los argumentos para ser buena. Aquí han pasado tantas cosas que cualquiera con un mínimo de talento y vocación por la narrativa se haría un espacio de renombre en las bibliotecas con novelas desarrolladas en base a la historia nacional.
-La verdad, yo prefiero leer autores que no tocan la realidad histórica y que de hacerlo te acercan a los hechos, pero planteados como un detalle o uno de muchos elementos que conforman el todo y no como el eje principal de la obra. Si quisiera leer con extrema precisión histórica abriría un texto escolar y sentiría que me preparo para una evaluación tediosa y mecánica de conocimientos, como los muchachos en el colegio. No sé si me explico.
-Claramente. Tampoco yo soy amante de esa exactitud en la narración de los hechos en una producción literaria; prefiero realidades ficticias, la verdad novelada. Para mí leer una novela es un pasatiempo que debe estar lejos de comprensiones demasiado complejas e invariables como la historia nacional. Pienso... pienso... pienso y me sigo preguntando porqué se omitieron tantos hechos y porqué, aún sin faltar a la verdad, otros se presentaron sin todo el matiz de dolor que significó para nuestro pueblo, todo lo que vivimos mientras duró la dictadura militar. Si mencionaste con detalle una cosa, porque limitarte en otra, no sé. Te aseguro que me desconcierta este trabajo.

El concepto general de la obra estuvo en su mente por varios días, sin lugar a dudas algo contenido en los argumentos de este libro lo afectaba singularmente. En la parte final de la nota que envió, al autor, con sus impresiones decía: "Fragmentos de historia nacional contribuyen a ambientar los sucesos que enmarcan la vida del protagonista; experiencias que compartirá con su psiquiatra, una mujer tratando de convencerse de que la esperanza, como el amor, es lo último que se pierde."

La literatura que tantas pasiones despertaba en él había encendido llamaradas de recuerdos, motivación, inspiración y esperanza que intangibles desfilaban ante sí. Nunca supo si el autor se enteró de lo que su pluma había provocado en un lector apasionado que admiraba sus logros en dos mundos tan distintos: el de la medicina y el del arte narrativo.

Él, con su característica intensidad, tomaba impulso con cada palabra y se transportaba a tiempos pasados que ningún otro nacional le había mencionado en todo el tiempo que ella llevaba viviendo en este país, como si lo hubieran borrado de sus mentes, como si nunca hubiesen sucedido. Esa intensidad con la que narraba sus recuerdos iba llenando de imágenes la mente de su interlocutora.
-De ser escritor, que lo he pensado, escribiría una historia muy especial. Empezando por lo que recuerdo del recorrido que pude hacer por el edificio de la cárcel antes de su demolición, de esto hacen ya unos diez años, poco más o poco menos y terminando quién sabe dónde o cuándo.
A aquel tipo solitario le faltaban por vivir muchos años para comprender que a veces no se puede escribir toda la verdad, porque nadie la conoce realmente o porque no existe. También para darse cuenta que otras veces es mejor callar, cuando la verdad duele y no se olvida.